No odies a quien, aparentemente, te haya hecho daño, pues ese dolor era necesario.
No odies a tu supuesto enemigo pues él se nutre de tu rencor y tu odio. Tu supuesto enemigo precisa de tu rabia para existir; no le alimentes. Si le ignoras, y aun, si eres capaz de amarle, desaparecerá y con él se marchará el dolor causado.
.
Mostrando entradas con la etiqueta Estilos de vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estilos de vida. Mostrar todas las entradas
26 febrero 2012
23 octubre 2011
Ideas para cambiar el mundo
Hace unos meses cayó en mis manos (o mejor dicho, en las memorias de mi ordenador) un libro llamado “Manual práctico para cambiar el mundo”. El título era sugerente y comencé a leerlo con la intención de compartirlo con ciertas almas afines, si en verdad encontraba alguna idea eficaz para lograr el objetivo que aventuraba el título. He de deciros que abandoné su lectura cuando leí estas frases:
“En definitiva, con este ambicioso ensayo intento romper con aquellos que utilizan alegremente la palabra utopía con fines inmovilistas, conservadores y tan desalentadores para los seres humanos inconformistas y críticos que, al igual que yo, pretenden edificar una nueva sociedad más humana y menos animal. He aquí mi tributo a la nueva conciencia.”
Este párrafo se encuentra en la página doce, incluidas la cubierta, la anteportada, la portada, la dedicatoria, las guardas y otras varias hojas en blanco. Vamos, que no me dio tiempo ni espacio para hacerme una idea general de la obra, pero lo de "edificar una nueva sociedad más humana y menos animal", fue superior a mis ganas de leer semejante tributo a la nueva conciencia, (los animales no van por ahí con escopetas acechando humanos, y si alguna vez pelean con sus propios medios naturales, es sólo para alimentarse o para defenderse. Por poner un ejemplo que ilustre lo desafortunado del empeño, en mi opinión, de este señor). Y es posible que al haber abortado prematuramente la lectura, me haya perdido una interesante obra. No lo descarto, porque, en justicia he de decir, que algunos párrafos sueltos que he leído, sí me parecen interesantes, aunque obvios. Y por si a alguien le interesa, ahí queda.
Yo no pretendo hacer ningún tributo a la nueva conciencia, pero sí aclarar algunas ideas propias para la mía, mi conciencia. Y, a este efecto, también me sirve el párrafo previamente citado, porque describe de algún modo, las dos únicas formas de actuar que yo concebía para cambiar el mundo, a saber: las personas que intentan cambiarse a sí mismas, para que ese cambio repercuta en la mejoría general (algo así como el cambio de color de una hoja otoñal que acaba definiendo el color del árbol que la sustenta), es decir, abogan por una acción indirecta sobre el mundo para mejorarlo; y las personas activistas, que se involucran en acciones que inciden directamente sobre el mundo, las leyes, las normas, etc. Las primeras pretenden un cambio de dentro a fuera, de la individualidad (que no individualismo) a la comunidad; las segundas pretenden un cambio comunitario, social, que no comprendo muy bien cómo puede llegar al individuo, al propio sujeto.
Pero si os habéis dado cuenta, al principio del párrafo anterior he hablado en pasado, he dicho que yo concebía dos formas (o dos grupos de personas, a groso modo, porque de hecho, creo que hay tantas formas como individuos) de actuar para cambiar el mundo. Y he hablado en pasado porque, en los últimos tiempos, me han surgido dos dudas fundamentales: la primera, que ya no creo que haya dos formas eficaces para lograr un mundo mejor, sino una sola. La segunda que, realmente, no creo que haya que cambiar el mundo. La explicación de esta segunda incertidumbre la dejaré para el final, porque intuyo que se resuelve con la aclaración de la primera. Pero aún no lo sé. Ya veremos.
Antes de nada he de decir que, para bien o para mal, yo me considero integrante del primer grupo de personas y es muy posible que este hecho pueda influir en que me decante por esa opción como la única eficaz (lo que no quiere decir que sea la única válida). También voy a explicaros, antes de seguir, qué ha sido lo que me ha inspirado el desarrollo de estas ideas y el atrevimiento a exponerlas, aunque ya son viejas amigas mías: digamos que me ha iluminado el otoño con sus luces, sus sombras y sus colores. Me explico. Todos sabéis que las olivas, olivos u oliveras son árboles de hoja perenne, que no mudan perceptiblemente su color. Sin embargo, hoy, volviendo del Monte, he visto dos oliveras azules. Esta visión me ha sorprendido e imagino que ese cambio artificial de color se deberá a la aplicación de algún producto para repeler o eliminar algún insecto. Es decir, que los olivos también pueden cambiar su aspecto de forma rápida y artificial. Como volvía del monte, allí he podido contemplar muchos árboles de hoja caduca, de aquellos que, antes de perder las hojas las viran lentamente de color. He visto muchos árboles rojos, que antes fueron amarillos, y antes fueron verdes y pronto serán invisibles recuerdos multicolores en mi memoria.
Pero, perdón, se me ha ido el santo al cielo o, más propiamente, me he ido por las ramas, por las ramas otoñales.
Lo que venía a contaros es por qué creo que sólo hay una forma eficaz de cambiar el mundo (insisto, suponiendo que sea necesario) y cuál es, en mi opinión, esa forma. O quizá sea una cuestión de orden. Ya veremos.
El mundo, en cuanto sociedad, conjunto de individuos, normas, leyes, etc., que lo conforman, no es perfecto. Y es que las personas que lo componemos tampoco lo somos, tampoco somos perfectas. Por eso entiendo que el logro de otro mundo posible pasa, necesariamente, por el trabajo personal con uno mismo, desde la individualidad, desde la autoobservación, desde la autocrítica (que no desde el autorreproche), desde el reconocimiento de la imperfección propia para comprender mejor la imperfección ajena.
Muchos nos hemos planteado algunas veces esas viejas preguntas existenciales: ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuál es el sentido de la vida? Lejos de querer ponerme metafísica y mucho menos filosófica, lo que sí quiero hacer es intentar responderme yo a la última pregunta, porque siento, intuyo, que en esa posible respuesta está la clave para cambiar el mundo.
Yo no creo que el sentido de la vida esté en buscar la perfección (entre otras cosas, porque creo que tal concepto no existe sino como palabra), pero sí, en buscar la coherencia.
Y no, no me refiero a buscar el legado de ningún tío indiano, para compartirlo con el resto de sus sobrinos, no es eso.
En serio (un poco), me refiero a buscar la Coherencia en su más alto sentido, o mejor, en sus dos más altos sentidos: la capacidad de ser consecuente con uno mismo, con sus acciones, actitudes, valores y principios; y la cohesión o fuerza de relación con todos y con el Todo. Tampoco me refiero a la búsqueda de una coherencia ideal, en el sentido platónico, como algo que es para todos igual e igualmente válido, sino la coherencia propia e individual; me refiero a la búsqueda de esa actitud que a uno mismo le permita mirarse al espejo y no desviar la mirada.
La cuestión es que yo no conozco a nadie que haya alcanzado esa coherencia. No conozco a nadie que pueda afirmar, sin sonrojarse, que es consecuente, al cien por cien, con sus acciones, actitudes, valores y principios fundamentales. Y creo que no conozco a nadie, sencillamente, porque tal sujeto no existe en este mundo, ni ha existido, ni existirá. Pero el reconocimiento de la inexistencia de sujetos tan sumamente ejemplares, lejos de desalentarnos, debe servirnos para dos cosas esenciales: para animarnos en esa búsqueda apasionante de la conexión con el resto del mundo, a través de nuestro propio conocimiento (en connivencia con el espejo, que también ha de ser comprensivo con nosotros si nos ve que estamos puestos a ello); y, mucho más importante, para comprender que cada sujeto distinto de nosotros, también se halla en esa misma búsqueda, de tal modo, que esas cosas incomprensibles que hace, a nuestros ojos, no son más que las actuaciones que le sugiere el grado de coherencia alcanzado por él mismo; de la misma manera que nosotros hacemos cosas incomprensibles para otros y, a veces, para nosotros mismos.
Porque yo, personalmente, me niego a creer que haya personas malas o personas buenas. Todas, absolutamente todas las personas, tenemos cosas buenas y cosas malas. Obviamente, lo que varía es la proporción de esas cualidades. Yo prefiero hurgar en mis semejantes para encontrar aquellas cosas que me hacen mirarles con una sonrisa. Y no se trata, en modo alguno, de ser mejores ni peores que los otros, de ser inferiores o superiores a los otros. Se trata, en suma, de comprenderse mejor los unos a los otros. No se trata de decirle a nadie cómo ha de pensar, cómo ha de sentir, cómo ha de actuar (básicamente porque no hay una forma única e ideal de pensar, sentir o actuar), sino entender que cada quien tiene sus motivaciones para comportarse de una determinada manera y volcarse en comprender las motivaciones de uno mismo, intentando no hacer daño voluntariamente a nada ni a nadie (hacer daño de forma inconsciente es, a veces, inevitable).
Pero, insisto, para ello considero necesario una labor propia. Un trabajo interior que nos armonice con nosotros mismos primero y luego con los demás. Es una tarea que precisa tiempo, diálogo sereno con uno mismo y, generalmente, requiere silencio externo.
Pienso que únicamente desde la armonía individual, se puede acometer la ardua labor de lograr la armonía colectiva. Sólo desde el afecto, desde el aprecio, desde la cordialidad, desde la amabilidad, desde la comprensión en suma, se puede intentar, de abajo a arriba, de dentro hacia fuera, desde lo individual a lo colectivo, cambiar el mundo. Actuar para intentar cambiar el mundo desde la desesperación, la ira, el descontento, la indignación, desde la incomprensión, puede llevar a lograr un efecto contrario al deseado, pues el espejo de la vida puede devolvernos lo que no deseamos ver.
Y es entonces cuando nos damos cuenta de que lo que hemos de cambiar no es el mundo, sino nuestra actitud hacia él que no es más que el conjunto de seres que lo formamos, no sólo los humanos, también las plantas, el resto de animales y las rocas.
Porque, esencialmente, cambiar el mundo es lo que el Hombre viene haciendo desde que lo habita con las desastrosas consecuencias que tenemos delante de nuestros ojos, por no decir, sobre nuestras conciencias.
Y, en definitiva, ¿quién soy yo para obligar a nadie a dedicar las mañanas de sábado a pasear por el monte? Es buenísimo, enriquecedor, terapéutico, saludable, beneficioso. Lo es para mí. Y, ¿quién soy yo para prohibir a nadie que salga de caza con su flamante escopeta? Es malísimo, denigrante, dañino, malsano, triste. Lo es, y mucho, para mí. Pero intentar cambiar el mundo por la vía de la obligación y de la prohibición, lejos de eliminar conductas o actitudes indeseables, sólo alimenta el deseo de realizarlas y la necesidad de ejercer la libertad, aunque sea para hacer daño.
Por eso, mi última reflexión está orientada hacia esas personas que han realizado de forma pausada y serena su viaje interior, han alcanzado un cierto grado de coherencia, han logrado un alto nivel de comprensión y se sienten en armonía con el Todo. Esas personas que son capaces de mirar a sus semejantes con una sonrisa sincera. Esas personas que son, a mi juicio, las únicas con facultad para actuar directamente sobre el mundo para intentar mejorarlo, ¿no habrán comprendido acaso, en su camino, que el mundo es necesario tal y cómo es?, ¿que son necesarias todas las opciones posibles, por crueles e injustas que parezcan, para que el individuo elija adherirse o apartarse de ellas, ejerciendo así su irrenunciable derecho al libre albedrío?
Y no, a mí tampoco me gusta el mundo como lo hemos hecho, como lo vamos haciendo, por eso quiero enmendarlo intentando, primero, renovarme yo.
04 octubre 2011
Saludos de mc
Nuestra querida compañera de charlas mc anda por tierras germanas pero no nos olvida. Ha intentado mandar un comentario sin éxito, así que yo lo publico para vosotros como una entrada. Y aprovecho para mandarle, desde aquí también, un abrazo y mis mejores deseos.
Salud y alegría, amiga.
mc dice:
“Estimados contertulios, hace ya algún tiempo que no había podido visitaros y echaba en falta vuestras siempre refrescantes reflexiones. Ahora que por fin parece que comienzo a tener algo así como una rutina, se me ocurre leer la edición Europea del periódico "El País" que vi por casualidad en un Kiosko cerca de la catedral de Aquisgrán.
Precisamente esa noche no podía conciliar el sueño. Después de un mes en esta ciudad durmiendo a las mil maravillas, no se me ocurrió pensar que fuese culpa de haber leído el periódico pero al leer la reflexión de Nomada, creo que es la razón más lógica.
La verdad que no comprendo cómo no hay ninguna sección en el periódico dedicada a la ciencia, ¿acaso eso no es actualidad? Prácticamente todo el periódico está dedicado a la política y a la economía. Pero para más inri, incluso en estas dos materias no tengo la sensación de que se traten los asuntos que debieran hacer honor a la sección que se les asigna, más bien parece que esté leyendo un culebrón.
Hoy me he atrevido a probar con el diario local, aprovechado que el 3 de octubre es la fiesta nacional en Alemania. Y pese a mi dificultad para poder seguir fluidamente el texto, he de reconocer que me ha llenado de esperanza lo que he podido entender.
En concreto había un reportaje de 4 páginas respecto a un grupo de trabajo que se ha formado en la ciudad para preparar un proyecto denominado Aachen-2030, con la perspectiva de trazar las pautas para mejorar la ciudad a largo plazo, en aspectos como la contaminación acústica y ambiental, infraestructuras, vivienda, comunicación, educación o investigación. Para tratar de ser además un referente.
En varios de los apartados explicados, indicaba un sitio web donde se ampliaba la información y al final del reportaje venían varias direcciones de correo donde además invitaba a los ciudadanos a participar con sus ideas.
Hace algún tiempo, en España, tuve la oportunidad de leer algunas veces el periódico "la Estrella", era muy interesante, pero por algún motivo dejaron de llevarlo al kiosko. Tal vez dejaron de editarlo, no sé.
En fin, queridos contertulios confío en vuestro buen criterio para que me aconsejéis sobre algún buen periódico o página de internet donde pueda leer noticias que sean interesantes.
Por cierto, me ha encantado le carta de Facundo Cabral. Saludos, mc.”
22 septiembre 2011
De buena mañana
Hoy he hecho algo que no debía. Algo que ha tiempo no hacía.
Hoy se me ha ocurrido leer las “noticias” y si no fuera por el sol tan precioso que hace y el color dorado de las uvas en la parra, que filtran sus rayos arrancándoles dulces destellos de miel, me habría amargado el día.
Hoy he sabido, por ejemplo, que mañana recibiremos el otoño con una lluvia incierta e imprecisa de chatarra espacial. Y que la feliz idea que se les está ocurriendo a los de la NASA para prevenir futuras situaciones similares a esta, es dotar a los artefactos de sistemas que los expulsen de la órbita terrestre cuando ya no valgan; vamos, lo que viene siendo, espolsar* el mantel por la ventana.
Del asesinato oficial de una persona en Estados Unidos, no diré mucho porque me abochorna pertenecer a la especie humana que es capaz de manipular de tal forma el lenguaje, para que el muerto sea asesino, los asesinos oficiales sean ejecutores y al propio acto del asesinato lo llamen justicia y sean capaces de dormir por las noches. Y me da igual que sea blanco, negro, rojo o amarillo, inocente o culpable; de la culpabilidad del “ejecutado” hay, en este caso, demasiadas incertidumbres (opinaría lo mismo aunque no las hubiera), de la culpabilidad de los “ejecutores”, y de sus cómplices, no hay ninguna duda. ¿Quién va a "ajusticiarlos" a ellos?
Que sea noticia el hecho de que los partidos (y a través de ellos, el resto de poderes fácticos) accedan al control de la elaboración de las noticias, me ha hecho mucha gracia. Supongo que lo que es noticia es que lo digan pública y descaradamente.
Podríamos hablar de los recortes fantasma en educación o de los más palpables en sanidad; o del teatro de la insufrible campaña electoral que se avecina y de los imputados de distintos colores que actuarán en él; o del viejo robo de países; o de si es normal que un sujeto, después de hacer una “donación” del ochenta y cinco por cien de su fortuna, siga manteniendo una de las mayores fortunas del mundo y que, encima, porque se le ha ocurrido la genial idea de decir que los ricos deberían pagar más impuestos, haya que bailarle el agua; o de… bueno, mejor me callo, que no quiero aguarme ni aguaros la fiesta del otoño.
Yo mañana, en lugar de leer las noticias (que yo sepa o no sepa, no va a cambiar nada de lo que tenga que ocurrir), me levantaré y miraré al cielo, no esperando que me caiga ningún trozo de titanio en la frente, sino para recibir el beso y la caricia de la nueva estación; su lluvia de agua, de colores, de hojas; el abrazo de la brisa fresca; la promesa de tardes largas que inviten al retiro; la esperanza de cálidos rayos de sol que llamen al paseo… Todo esto y la sonrisa de las personas que quiero es lo único que de verdad me importa.
Y ahora me voy a darle un abrazo a la Quica, porque cuanto más conozco al Hombre (salvo dignas y, por suerte, numerosas excepciones), más quiero a la perra del vecino.
* Sacudir, para quienes no dominen el idioma cagalderico
* Sacudir, para quienes no dominen el idioma cagalderico
27 julio 2011
De Facundo Cabral
Mis queridos amigos, he de reconocer hoy dos cosas: la primera es que no creo ser muy original colgando este texto en nuestro espacio de tertulia porque, sobre todo a raíz de la muerte de Facundo Cabral, se ha difundido mucho; la segunda cosas a reconocer es que no sé cuál es el origen de este texto; no sé cuándo lo escribió ni con motivo de qué; a pesar de buscarla, no he encontrado la fuente original. Sólo sé que ha llegado hasta mí por unos de esos correos rerrerredireccionados y que me he sentido tan identificada con él que he querido compartirlo con vosotros, por si alguno no lo conoce.
Nacemos para encontrarnos (la vida es el arte del encuentro), encontrarnos para confirmar que la humanidad es una sola familia y que habitamos un país llamado Tierra.
************************
Nacemos para encontrarnos (la vida es el arte del encuentro), encontrarnos para confirmar que la humanidad es una sola familia y que habitamos un país llamado Tierra.
Somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad (fuera de la felicidad son todos pretextos), y debemos ser felices también por nuestros hijos, porque no hay nada mejor que recordar padres felices.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos, por eso hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde.
Eso lo aprendí de mi madre que fue la primera buena noticia que conocí. Se llamaba Sara y nunca pudo ser inteligente porque cada vez que estaba por aprender algo llegaba la felicidad y la distraía, nunca usó agenda, porque sólo hacía lo que amaba, y eso se lo recordaba el corazón. Se dedicó a vivir y no le quedaba tiempo para hacer otra cosa. De mi madre también aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo, ahora mismo, le puedes decir basta a la mujer (ó al hombre) que ya no amas, al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida, ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.
Me he transformado en un hombre libre (como debe ser), es decir que mi vida se ha transformado en una fiesta que vivo, en todo el mundo, desde la austeridad del frío patagónico a la lujuria del Caribe, desde la lúcida locura de Manhattan al misterio que enriquece a la India, donde la Madre Teresa sabe que debemos dar hasta que duela.
Caminando comprobé que nos vamos encontrando con el otro, lenta, misteriosa, sensualmente, porque lo que teje esta red revolucionaria es la poesía. Ella nos lleva de la mano y debajo de la luna, hasta los últimos rincones del mundo, donde nos espera el compinche, uno más, el que continúa la línea que será un círculo que abarcará el planeta.
Esta es la revolución fundamental, el revolucionarse constantemente para armonizar con la vida, que es cambio permanente, por eso nos vamos encontrando fatalmente para iluminar cada rincón. Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría ni sufriste el más grande dolor. Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el nuevo día. Vive de instante en instante porque eso es la vida.
Me costó 57 años llegar hasta aquí, ¿cómo no gozar y respetar este momento? Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Si la historia es tan simple, ¿porqué te preocupas tanto? No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra. En la tranquilidad hay salud, como plenitud dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate, recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad, borra el pasado para no repetirlo, para no abandonar como tu padre, para no desanimarte como tu madre, para no tratarte como te trataron ellos, pero no los culpes porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.
Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante, pero no digas no puedo ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido de humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.
Si quieres recuperar la salud abandona la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades. Perdona a todos y perdónate, no hay liberación más grande que el perdón, no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea) y cómplice de lo que te disgusta. Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella. El bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse.
Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano. No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia. Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida.
Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente...
Facundo Cabral
Con mi agradecimiento a mi querida amiga María, por compartirlo.
************************
Con mi agradecimiento a mi querida amiga María, por compartirlo.
04 julio 2011
Voluntariado
Hola amig@s. Como habéis podido ver, mc ha enviado un comentario en respuesta a la entrada "Tomy propone un juego", pero además de contestar a la pregunta propuesta, ofrece su opinión sobre las actividades de los voluntarios. A mí éste siempre me ha parecido un tema interesante, por las distintas y, a veces, extremas opiniones que suscita, por lo que creo que merece una entrada aparte para no mezclar churras con merinas.
Así que aquí copio y pego la parte del comentario de mc referente al voluntariado.
mc dice:
"Hola a todos,
hace tiempo que deseo exponer aquí mi punto de vista respecto a las actividades realizadas por los voluntarios, para saber que pensáis vosotros al respecto. Movida por el interés de conocer a personas y realizar actividades, vi por internet un anuncio para el verano, en el que se proponía participar en actividades de grupo con niños y adolescentes con asperger. Mi propia ignorancia me dio motivos para interesarme, así que envié el formulario que adjuntaba y cuando llegó la fecha me presenté con una amiga en la charla informativa. Tras la charla que duró unas tres horas, pude hablar con una de las monitoras, concretamente la que está con chicos adolescentes y nos comentó que esa misma tarde iban a realizar un corto. Ya que estábamos en Alicante, decidimos aprovechar el día y conocer directamente a los implicados.Mi conclusión fue, que en todas partes deberían tener un departamento para voluntarios, no por el trabajo que les puedas ahorrar, pues a veces puede ser al contrario (pero si es útil, pues da alegría), sino por la cercanía y la apertura que supondría para todos establecer más relaciones sin obligaciones, ni costes.mc"
29 junio 2011
Tomy propone un "juego"
Mis queridos amigos, acabo de abrir el blog y he encontrado, con agradable sorpresa, este comentario de Tomy incluido en el apartado de "Estilos de vida". Me ha parecido apropiado crear con él una entrada nueva, de modo que ahí va la propuesta de nuestro asiduo contertulio.
Tomy propone:
"Voy a sugerir para este apartado, tan interesante y complicado.....preguntas.
Propondré este juego que tal vez termine en debate. Aunque soy muy consciente que mis comentarios normalmente no gustan, y crean cierto "racismo de ideas" hacia mí. Siempre termino acusando "a mí, a nosotros", y eso no suele hacer gracia. No tengo tendencias a tirar balones fuera, hasta no tener los míos bien controlados. Aún así me arriesgaré con preguntas, digamos complicadas. A ver si los contertulios compartimos nuestras visiones. Porque aunque escribimos solo unos pocos, me parece de los mejores y más respetuosos y tranquilos foros, donde desarrollar y debatir ideas.
Ahí va:
14 junio 2011
Tarde de martes
Mis queridos amigos (/as, amigxs, amig@s, que una ya no sabe cómo hacerlo para no herir susceptibilidades. Menos mal que mis amigas saben que yo utilizo el genérico masculino con mucho cariño para ellos y para ellas), iba e escribir un comentario en respuesta a los últimos vuestros en "El espíritu de Sol", pero como me enrollo tanto no me cabe. Así que he decidido escribir una entrada nueva que, por otra parte, ya tenía en mente hacerlo. Pues ahí va.
Sabes, amigo Tomy, que estoy de acuerdo contigo, pues no son pocas las veces que hemos hablado del tema. Volver al statu quo previo a esta “crisis” no es la mejor solución, bajo mi humilde y siempre discutible punto de vista.
Exigir que haya trabajo para todos en las condiciones mínimas deseables para mantener un nivel de vida como el que se disfruta (o se disfrutaba) en este primer mundo, derrochador, irrespetuoso, esquilmador, avaricioso… no puede ser el ideal a perseguir.
Exigir que haya trabajo para todos en las condiciones de hace unos años, en una sociedad de consumo basada en la oferta y la demanda de “bienes de producción”, es como pretender salir por la boca de la pescadilla que se muerde con tenacidad la cola.
Necesitamos trabajo para ganar dinero, para gastarlo en “bienes de consumo”, que tienen que ser producidos por otras personas para ganar dinero para consumir a su vez; y así indefinidamente, (¿indefinidamente?). No, yo no creo en el “desarrollo sostenible”. Como frase está muy bien y como base para una atractiva oferta de declaración de intenciones. Pero siendo el Hombre como es, creo que estas sugerentes palabras no se las cree nadie, y mucho menos quienes las dicen, quienes las usan para la compra de votos y de simpatías populares.
Y no creo tampoco que la solución sea fácil, pero desde luego, si la hay, pasa por un cambio de conciencia, de valores, de prioridades, de intereses, que no creo que estén en un horizonte cercano, al menos a nivel colectivo.
Mientras vivamos en una sociedad en la que el valor del dinero sea superior al valor de las cosas que puedan conseguirse con él, mal vamos. Sin embargo, hace poco, leí una opinión curiosa que se acerca mucho a mi pensamiento. Esta persona (no recuerdo quién era ni dónde lo leí) afirmaba que el futuro (inmediato, mientras no pueda prescindirse del dinero) pasa porque las personas aprendamos a pagar por el arte, por la creatividad, por la cultura, por la artesanía. De ese modo, muchas más personas podrían dedicar su tiempo a desarrollarse como individuos, podrían vivir de su arte, de sus habilidades innatas. ¿Quiere esto decir que no tendría que haber albañiles, fontaneros, barrenderos? No, no quiere decir esto, pero estas personas también pueden ser artistas en su trabajo (uno puede ser artista en su trabajo, sea éste cual sea, sólo haciéndolo con cariño) si lo hacen por un salario justo. Y sí, es posible que el concepto “salario justo” merezca una definición. A ello me arriesgo:
Vivimos por comparación. Como nada es absoluto y todo es relativo, vivimos por comparación con otros. A mí (en mis particulares circunstancias, que ese sería otro tema) ser mileurista me parece un lujo, pero claro, cuando me hago consciente de los varios y elevados sueldos de los políticos de base, ya no digamos de los de altos escaños; de los directores generales, de los asesores, de los altos ejecutivos..., en fin de tanta gentuza que no quiero ni esforzarme en nombrar, ser mileurista me parece ridículo. Pero cuando soy consciente de que en otros lugares del mundo no saben lo que es un salario mínimo interprofesional quizá sea capaz de conformarme. También sé que hay quienes viven sin saber qué es un salario, y esos sí que me dan envidia.
No es la escasez de dinero lo que indigna, es la pura, manifiesta y descarada injusticia.
Hace poco también leí en un comentario a una noticia de un periódico digital, (es cierto, Floren, a veces estos comentarios anónimos tienen más valor y contienen más sabiduría que los profesionales) que venía a engrosar las peticiones de los indignados de Sol con una idea muy ocurrente y, a mi juicio, muy interesante que era la de establecer un “salario máximo interprofesional”.
Hay suficiente Riqueza para todos, pero hay mucha más injusticia. Y si he puesto Riqueza con mayúscula es porque no me refiero al dinero. Pienso que no encontraremos una solución (aunque seamos capaces de “salir de la crisis”) mientras vivamos en un mundo movido por los intereses económicos.
Por eso, estoy contigo Tomy: la revolución ha de ser mucho más profunda. Pero por algo se empieza ;-)
De todas formas, y aunque las matemáticas no son lo mío, permitidme que yo también haga una pequeña reflexión sobre lo que votamos los españoles, sobre esas supuestas mayorías gobernantes. Y para no cambiar de comunidad autónoma, seguiré poniendo por ejemplo la valenciana, aunque, como decís en vuestros comentarios, la reflexión es válida para casi todos los lugares que se nos ocurran.
En la Comunidad Valenciana ha votado el 71%; de ese porcentaje, menos de la mitad ha votado al Partido Popular, es decir, menos del 35% ha dado su voto a una panda de chorizos y a otros que, no siendo chorizos (obviamente hay gente honrada en todas partes y el PP no iba a ser menos), van a velar, por definición, por sus exclusivos intereses y los de los grandes empresarios y las grandes fortunas. Y ahora caben muchas preguntas:
¿Es el 35% mayoría?, ¿qué hacemos con el 33% que suman las abstenciones, los votos blancos y los nulos?, ¿por qué no hemos votado quienes nos hemos abstenido?, ¿teníamos motivos fundados para hacerlo?, ¿éramos conscientes de las consecuencias?, ¿somos “culpables” de lo que se fragua en ese mundo inaccesible y aislado de la realidad, que es la política?
¿Qué es, realmente la Democracia?, ¿es este juego de partidos con el que pretenden acallar cada cuatro años la necesidad de participación del pueblo, con el que pretenden responsabilizar a los ciudadanos cuando las cosas se ponen feas?
Demasiadas preguntas para una tarde de martes. Me voy a tomar el sol.
22 mayo 2011
El espíritu de Sol
Este texto tiene una estructura extraña pues, merced a la magia de Word, voy a poner al principio el último párrafo que he escrito, y lo hago porque no quiero acabar con una sombra. De modo que así termina el texto:
No obstante lo dicho, el Pepito Grillo de mi escepticismo sigue ramoneando por entre los verdes pastos de esta luminosa primavera. Pero yo quiero callarlo, no quiero escucharlo, no quiero contaros lo que me dice, quiero que nunca pueda decir:
- Si ya lo decía yo.
- Si ya lo decía yo.
Y así comienza:
Quienes me conocéis bien, sabéis que no suelo hablar de política. Mis conocimientos sobre ella son mediocres y lo poco que conozco no me sirve, precisamente, para apreciarla. Aunque quizá no debería hablar de forma despectiva de la política como concepto, sino de quienes la ponen a su servicio para sus propios intereses. Pero bueno, no voy a divagar que tengo mucho que contaros.
Yo, por edad, empecé a votar con la recién nacida democracia y sin embargo ayer, 21 de mayo de 2011 tuve la sensación de que viví una autentica jornada de reflexión como no se daba en muchos años. Y esto es lo que quiero compartir con vosotros: los apuntes de este primaveral sábado.
Para ser cronológicamente estricta os contaré que la víspera, es decir, el viernes por la noche, andaba yo algo atareada entre dos pantallas: la de la televisión y la del ordenador, porque me preocupaba, o más bien me interesaba, saber cómo iba a resolverse el conflicto entre el derecho de reunión de los ciudadanos acampados en Sol y la absurda prohibición, desautorización, veto… de concentraciones para esta jornada, emitida por la Junta Electoral.
He de confesaros que a veces (muy pocas), me flagelo con el canal televisivo del toro (animalico, si él supiera quiénes lo tiene como logo, seguro que los corneaba. Pero esta es otra historia). Lo hago, fundamentalmente, para que tánto Sol no me deslumbre y para no olvidar que el lado oscuro sigue existiendo y que tiene un poder minoritario pero extenso. El caso es que siendo testigo de tanta manipulación mediática, pensé que lo mejor era que no me lo contaran y que estaría bien darme una vuelta por Sol; no para curiosear, como apuntan otros medios, sino con un espíritu de sincera solidaridad. Y si tenía alguna duda, se despejó cuando a las 00:00 horas del día 21, es decir, al inicio del reflexivo sábado, escuché el silencio de miles de personas ofreciendo una hermosa muestra de armonía y civismo.
Por ello, cuando me desperté con las primeras luces del sábado, reflexioné y me fui a Sol.
Nada más subir al tren comprendí que aquel iba a ser un día diferente. Dos chicas muy jóvenes (profesora de piano una, la otra, de biología) ocuparon asientos cercanos, por lo que, sin pretenderlo, escuché su conversación. Hablaban, emocionadas, de diversos aspectos de la movilización en Sol. Una de ellas se admiraba de que después de cinco días y seis noches, en multitud de plazas del país, con miles de personas, establecidas y visitantes, no hubiera habido ni un solo incidente destacable. Los ojos de la otra chica brillaban porque decía que admiraba el movimiento del 68; que, por joven, se había perdido la transición y que también había perdido la esperanza de vivir un momento de cambio social, porque la gente estaba muy desencantada pero muy apática. Ahora, no podían creerse que iban a poder participar de un movimiento social que les hiciera recuperar la ilusión, pues Sol es también su destino de este día (y esperemos que del resto de sus días). Un señor de aproximadamente 70 años no puede reprimir el impulso de integrarse en su conversación con sus comentarios de apoyo y admiración a las protestas, destacando su civismo y respeto. Antes de que el tren se ponga en marcha (por obras en las vías, el tren retrasó su salida 40 minutos, pero fue tan grata la espera, que a todos nos sorprendió cuando nos dimos cuenta), se encuentran con una amiga que plantea sus dudas acerca de la movilización, y ellas, muy lúcidamente y con claros argumentos debaten con la recién llegada. Un tiempo de reflexión (no sólo un día, como querrían algunos) ha comenzado, sin duda.
Llego por fin a la Puerta del Sol y no sé si lo que veo me sorprende o me alegra o me emociona. No le voy a poner nombre. Lo vivo.
Voy caminando lentamente por las calles del pueblo improvisado. No voy a contaros todo lo que veo porque seguro que a grandes rasgos, de algún modo y por algún medio, ya lo conocéis. Quiero contaros aquellos pequeños detalles que por azares de la vida viví con mis propios sentidos.
En la Comisión de Comunicación le pregunto a una chica acerca de su relación con la policía, si les dijeron algo cuando comenzó la jornada de reflexión. Me contesta que su relación es buena y que tienen autorización de estancia indefinida, siempre y cuando no haya disturbios ni, en ese día, propaganda electoral. Me habla de los medios de comunicación; me dice que la Comisión le ha pedido a los medios que no graben las asambleas, porque luego los debates son muy fácilmente manipulables, pero que no se lo han prohibido, aquí no se prohíbe nada: se pide, se recomienda, se aconseja.
De esto tuve un buen ejemplo unos minutos después. Me fui a la asamblea de comisiones y estando allí, se acercó un cámara de una televisión de cobertura nacional. Y no sé si me sorprendió más la actitud del joven activista o la del cámara, os cuento: el asambleario, desde el otro lado del círculo dice, levantando la voz lo justo para ser oído: - Porfa, no grabamos, ¿vale?- Y el cámara sin mediar palabra, da media vuelta y se marcha.
Al parecer, el cuerpo de bomberos de la Comunidad de Madrid, se unió simbólicamente a las protestas durante la noche, y, durante el día, cuando pasan por la calle tocan la sirena y la plaza rompe en aplausos.
En esa misma calle lindante con la plaza, que está abierta al tráfico, hay permanentemente, miembros de la Comisión de Respeto velando por la seguridad de los peatones que se acercan a Sol y porque no se interrumpa el tráfico.
Por cierto, también pude escuchar cómo un miembro de esa Comisión, la de Respeto, le explicaba a una señora qué hacían para que se cumplieran las normas internas. No son palabras textuales, pero en esencia le dijo esto:
- No hay normas internas como tales, hay actitudes que el sentido común desaconseja y que la mayoría consideramos inaceptables. Por ejemplo, no se debe beber alcohol porque puede causar situaciones conflictivas que perjudicarían al movimiento, por tanto si vemos que alguien está consumiendo alcohol le explicamos las posibles consecuencias y le pedimos que no lo haga dentro de la plaza. Razonamos, debatimos, consensuamos, no prohibimos: la decisión final siempre es del individuo. En casos más extremos, y muy raros, utilizamos la presión grupal, si alguien no se aviene a razones y su actitud puede perjudicar al grupo, quienes están por allí y han escuchado el debate, si no están de acuerdo con el individuo, se acercan diciendo: “No violencia, No violencia, No violencia”, hasta que comprende que está sólo en su pretensión y desiste. Pero lo que no se hace es ver a individuo como alguien que “la está liando”, sino que nos ponemos en su lugar e intentamos que él se ponga en el nuestro.
- No hay normas internas como tales, hay actitudes que el sentido común desaconseja y que la mayoría consideramos inaceptables. Por ejemplo, no se debe beber alcohol porque puede causar situaciones conflictivas que perjudicarían al movimiento, por tanto si vemos que alguien está consumiendo alcohol le explicamos las posibles consecuencias y le pedimos que no lo haga dentro de la plaza. Razonamos, debatimos, consensuamos, no prohibimos: la decisión final siempre es del individuo. En casos más extremos, y muy raros, utilizamos la presión grupal, si alguien no se aviene a razones y su actitud puede perjudicar al grupo, quienes están por allí y han escuchado el debate, si no están de acuerdo con el individuo, se acercan diciendo: “No violencia, No violencia, No violencia”, hasta que comprende que está sólo en su pretensión y desiste. Pero lo que no se hace es ver a individuo como alguien que “la está liando”, sino que nos ponemos en su lugar e intentamos que él se ponga en el nuestro.
En otro momento se escucha por megafonía:
-“A ver compañeros: un electricista ha traído material para instalar un punto de recarga de móviles y necesita cuatro voluntarios para que le echen un cable”.
Carcajada general en Sol, lógicamente. Pero sobraron voluntarios.
-“A ver compañeros: un electricista ha traído material para instalar un punto de recarga de móviles y necesita cuatro voluntarios para que le echen un cable”.
Carcajada general en Sol, lógicamente. Pero sobraron voluntarios.
De la gente que, como yo, paseaba por las calles me gustaría contaros un par de detalles.
Había un hombre, extranjero, que se dedicaba a copiar en un cuadernillo todos los eslóganes, frases, ideas, escritos en las pancartas, cartones o papeles. Y os preguntareis por qué sé yo que era extranjero, pues ahí está el mérito: lo sé porque llevaba un pequeño diccionario bilingüe; o sea, que no sólo copiaba, sino que traducía aquellas frases.
Reproduzco el diálogo de un par de amigos:
- Y esto, ¿hasta cuándo va a estar?
- Por ahí se oye que hasta el 2012, y yo espero que sea verdad.
Otra chica decía:
- Pues después de estar aquí, yo he decidido que voy a votar
Se vuelve a escuchar la megafonía:
- Compañeras, compañeros: hace falta leche de soja y cacao para los desayunos, y también vasos, aunque se recomienda que cada uno conserve el suyo. Gracias.
Ellos, los habitantes de Sol, han plantado una huerta simbólica, así que yo decido colaborar simbólicamente con ellos y me voy de compras. No quiero ir al Corte Inglés, así que busco un pequeño comercio en los alrededores. Cuando voy a pagar, los cuatro grupos de personas que esperamos en caja llevamos leche de soja y cacao. Pregunto a la cajera si no tiene vasos de plástico, pues no los he visto en las estanterías, y señalando al exterior, me dice:
- Ese señor de ahí, se ha llevado los que me quedaban.
El señor se dirige a Sol con una enorme bolsa de vasos de plástico.
Ellos, los habitantes de Sol, han plantado una huerta simbólica, así que yo decido colaborar simbólicamente con ellos y me voy de compras. No quiero ir al Corte Inglés, así que busco un pequeño comercio en los alrededores. Cuando voy a pagar, los cuatro grupos de personas que esperamos en caja llevamos leche de soja y cacao. Pregunto a la cajera si no tiene vasos de plástico, pues no los he visto en las estanterías, y señalando al exterior, me dice:
- Ese señor de ahí, se ha llevado los que me quedaban.
El señor se dirige a Sol con una enorme bolsa de vasos de plástico.
Lo último que os contaré tiene que ver con la actitud policial. Yo no suelo ser muy curiosona, pero la coincidencia hizo que fuera testigo de este episodio. Sería sobre las seis de la tarde, ya me marchaba y quise tomar una última fotografía de conjunto desde la acera donde se encuentran los efectivos policiales. Entonces veo que su actitud, en general relajada y serena, cambia; se ponen alerta y se reúnen. Yo me encuentro junto a un miembro de la Comisión de Respeto que está colaborando en la atención al tráfico y un policía se separa del grupo y se dirige a él:
- Oye, perdona, tú eres de la organización, ¿no? Es que en la esquina de al lado, junto al comercio XXX, hay un individuo de XXX características que está armando bronca. Nosotros no queremos movernos de aquí si no es imprescindible. ¿Os hacéis cargo vosotros? Si hay algún problema nos avisas.- (Increíble, todas estas palabras seguidas las dijo un policía antes de enarbolar la porra). El muchacho, después de alertar a un compañero, que lo siguió con la mirada, se dirigió al lugar indicado, identificó al individuo y se sentó a charlar con él. Yo seguí la escena todo lo discretamente que fui capaz (nunca he sido una buena espía) y hasta donde pude ver, el incidente se resolvió sin más problemas.
- Oye, perdona, tú eres de la organización, ¿no? Es que en la esquina de al lado, junto al comercio XXX, hay un individuo de XXX características que está armando bronca. Nosotros no queremos movernos de aquí si no es imprescindible. ¿Os hacéis cargo vosotros? Si hay algún problema nos avisas.- (Increíble, todas estas palabras seguidas las dijo un policía antes de enarbolar la porra). El muchacho, después de alertar a un compañero, que lo siguió con la mirada, se dirigió al lugar indicado, identificó al individuo y se sentó a charlar con él. Yo seguí la escena todo lo discretamente que fui capaz (nunca he sido una buena espía) y hasta donde pude ver, el incidente se resolvió sin más problemas.
Por último quiero contaros otra cosa que llamó mucho mi atención y fue la ausencia total y absoluta de símbolos y de banderas. Para no mentir confesaré que vi algún que otro símbolo de la paz y una bandera del arcoíris.
O quizá sí había otra bandera, una gran bandera, pues no sé si será casual que todas las lonas que cobijan la acampada de Sol sean azules. Uno cuando está en el corazón de aquel reducto de vida y mira hacia arriba, intentando encontrar una bandera que lo identifique, encuentra siempre el cielo, el cielo auténtico, donde habita el sol, y el cielo artificial, el cielo que Sol ha creado para habitar.
O quizá sí había otra bandera, una gran bandera, pues no sé si será casual que todas las lonas que cobijan la acampada de Sol sean azules. Uno cuando está en el corazón de aquel reducto de vida y mira hacia arriba, intentando encontrar una bandera que lo identifique, encuentra siempre el cielo, el cielo auténtico, donde habita el sol, y el cielo artificial, el cielo que Sol ha creado para habitar.
05 marzo 2011
Estilos de vida
Una de las cosas más bonitas que puede llegar a tener este espacio, es compartir los diversos estilos de vida de las personas que participen en él.
Vosotros no lo sabéis, porque no os conocéis todos, pero yo sé que la gama de los modos de vida de mis amigos es amplia: desde la vida estable y normalizada, hasta la vida aventurera y viajera, pasando por los espacios de la imaginación de aquellos que se atreven a soñar con otra.
Yo, sin ir más lejos, amen de no tener una vida estable ni normalizada, sueño a veces en irme a vivir a una cueva o a una isla desierta (cosa harto difícil de encontrar, por otra parte).
Así que os animo, desde aquí, a compartir con nosotros vuestro modo de vida real o imaginario. El mío, ya lo conocéis todos o casi todos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
